Una mañana de libros, recuerdos y muchas complicidades en Nava

La mañana ya prometía antes incluso de llegar al Museo de la Sidra. Había salido el sol, la temperatura era muy agradable y tenía por delante uno de esos planes que me gustan especialmente. Por un lado, disfrutar de una presentación y, por otro, hacer un poco de trabajo para El Noticiero de Nava. Porque, como suelo decir, también hay que saber disfrutar mientras uno trabaja.

La cita tenía algo de apuesta. Una presentación de un libro un sábado a las doce de la mañana. Si no me falla la memoria, no es el horario más habitual para este tipo de encuentros en Nava. Y ya sabemos que a veces cambiar las costumbres tiene sus riesgos. Pero había ganas de comprobar cómo respondía la gente.

Llegamos con tiempo, para conocer un poco el ambiente, tomar contacto con el lugar y charlar con los vecinos que ya se encontraban allí. Poco a poco fueron llegando más asistentes hasta que la sala se llenó por completo. Incluso hubo personas que tuvieron que seguir la presentación de pie. La respuesta fue estupenda.

El motivo de la cita era la presentación de la cuarta obra de Jorge Pruneda, Mirlo blanco, Palomas negras. Jorge estuvo acompañado por Leocadio Redondo, cronista oficial de Nava, Julián Fernández y José Vázquez, que asumió la tarea de conducir el encuentro.

José también tiene una trayectoria que merece la pena conocer. Durante 33 años ha trabajado en educación vial como policía local en Oviedo y actualmente mantiene un canal de YouTube dedicado a esta materia, conocido como El Poli Marchoso. Pero aquella mañana también nos tenía preparada alguna sorpresa.

Antes de comenzar a hablar propiamente del libro, Jorge quiso tener un recuerdo para tres vecinos que ya no están con nosotros y con quienes había mantenido relación. Carmen Vega, Jacques Sangrouber y César del Río estuvieron presentes en sus palabras. Además, tuvo el detalle de entregar un ejemplar de su novela a cada una de sus familias, que se encontraban entre los asistentes.

Fue uno de esos momentos que no aparecen en el argumento de ningún libro, pero que terminan formando parte de una mañana. Un gesto cercano y muy humano que me parece importante destacar.

Después sí, llegó el momento de conocer un poco mejor esta nueva obra y el camino que ha recorrido hasta verla publicada. Jorge se definió como un autor lento. No tiene prisa por terminar sus trabajos. Prefiere dedicarles el tiempo necesario, revisarlos y cuidar cada detalle antes de enviarlos a la editorial. Al final, lo que quiere es ofrecer un trabajo bien hecho a quienes van a leerlo.

También explicó algo que me llamó la atención. Ante una pregunta, quiso dejar clara la diferencia que establece entre ser autor y ser escritor. Él prefiere quedarse con la primera definición y reserva la segunda para personas con una trayectoria literaria más amplia y consolidada. Una manera de entender su propio trabajo que dice bastante de cómo afronta cada publicación.

Sus tres primeras novelas estuvieron centradas en temas sociales. Es un tipo de literatura que le gusta, aunque reconoció que también le hace sufrir por las realidades que aborda. Para este cuarto trabajo sintió que necesitaba cambiar de camino, probar otro género y disfrutar de una historia diferente.

Y así llegamos a Mirlo blanco, Palomas negras, una novela en la que los crímenes, los secretos y las emociones tienen un papel importante. Una historia que, además, lleva al lector por escenarios que nos resultan muy familiares a quienes vivimos en Nava.

Hubo también espacio para hablar de las máscaras que acompañaban la presentación y que estaban colocadas junto a los libros. No era un simple elemento decorativo. Las máscaras tienen su significado dentro de la novela y representan esas distintas caras que todos podemos mostrar en determinados momentos de nuestra vida.

La conversación fue avanzando entre explicaciones, preguntas de los asistentes y alguna que otra sonrisa. Y entonces llegó uno de esos momentos que hacen que una presentación no sea igual a las demás.

José abrió su mochila y sacó un personaje llamado Tuca. Se lo colocó en la mano y comenzó a hablar a través de él, provocando la sorpresa de los presentes. Fue una escena inesperada que encajó perfectamente con el ambiente que se había creado. Porque una cosa es presentar un libro y otra muy distinta conseguir que quienes están escuchando se sientan parte de lo que está ocurriendo.

Y eso fue precisamente lo que me gustó de esta mañana. La capacidad de mantener el equilibrio entre la seriedad que merece una presentación literaria y ese ambiente cercano en el que parece que estás entre amigos, sin perder el hilo de lo que realmente importa.

También me quedo con la decisión de probar un horario diferente. Quizás sea una buena forma de abrir otras posibilidades para futuros encuentros. Al final, si algo quedó claro es que había interés y que la gente respondió.

Me fui con la sensación de haber disfrutado de una mañana muy completa. De esas en las que llegas pensando en escuchar hablar de un libro y terminas llevándote recuerdos, anécdotas y momentos que van mucho más allá de sus páginas.

Y quiero terminar dirigiéndome directamente a ti, Jorge.

Te deseo todo lo mejor, siempre. Por ser como eres, por la relación que tenemos y por la manera en la que valoras el esfuerzo que realizo con El Noticiero de Nava. Algo que me dejaste reflejado en la dedicatoria de tu último trabajo y que agradezco de verdad. Son detalles que uno guarda con especial cariño.

Te deseo muchísima suerte con Mirlo blanco, Palomas negras. Disfruta de este momento, porque después de tantos años de trabajo te toca saborear lo conseguido. Ahora ya puedes respirar, mirar atrás y sentirte satisfecho por el camino recorrido. Y, sobre todo, tienes por delante la libertad de hacer lo que realmente te apetezca, sin tener que seguir un camino marcado por tus anteriores trabajos.

Que disfrutes de esta nueva etapa y que ese Mirlo Blanco levante el vuelo y llegue muy lejos.

Un abrazo, Jorge.

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